Valkyria


La muralla exterior que rodeaba el castillo permitía el acceso solo por un gran portón. El bardo, que tanto tiempo había buscado un lugar para permanecer, se encontró ingresando casi sin querer.
Una mujer, de oscuros cabellos y mirada le había llamado desde lo alto de la torre del castillo, como pidiéndole para que la rescatara.

No la conocía ni había escuchado de ella, pero el perfume de la princesa, se sentía en el ambiente.
Le llamó la atención lo silencioso y casi desértico del lugar, a esa hora, la primera de la mañana, debería de ebullir de actividad.
Sin embargo, el mortuorio silencio le heló la sangre, un escalofrío recorrió su espalda y lo puso alerta, parando en seco su marcha. Acercó su mano a la empuñadura de su espalda y sujetó con fuerza su escudo.
El bardo, trataba de escuchar mientras movía su cabeza de un lado al otro… le pareció escuchar a algo a lo lejos, el entrechocar de unas espadas. Podría ser que dentro de la muralla interior, la guardia del castillo, estuviera practicando.
Él continúo su avance, esta vez con paso firme y decidido, cuando nuevamente un escalofrío le recorrió la espalda y lo paró en seco.
El ruido, que parecía casi lejano y atenuado por las murallas se hizo ensordecedor, como si estuviera en medio de él…
Un rayo luminoso descendió de los cielos ennegreciéndolos y cayó tambaleante, de espaldas, sobre el cadáver de uno de sus compañeros.
Entonces, recordó lo que pasaba.
Su nombre era Kiel Siloscient y defendía el castillo. No existía ninguna princesa de oscuros cabellos para rescatar. Su misión era muy simple, pelear en batalla.
Había sido mortalmente herido en la cabeza y ahora yacía agonizante junto a su amigo. Miró al cielo, la nube de humo le impedía ver el sol y sus ojos teñidos por la sangre, escrutaban todo, buscando un claro de luz que lo iluminara.
Había luchado honradamente junto al rey y esa era su recompensa, caer en batalla.
Entonces ella lo miró fijamente, sosteniéndolo en sus brazos. Era como él la había imaginado, cabellera oscura con ojos moros y penetrantes.
“Ya es hora” – Susurro suavemente.
El sonrío y murió en paz.

Bishoujo Senshi – María José Morteyrú

PD: Relato meramente fantástico salido de mi imaginación, cualquier semejanza con la realidad, es mera coincidencia.

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